26 de enero de 2015

Desalentadora Navidad


El tiempo se acaba mientras lees. El lenguaje también se agota. Pierdes identidad cada que avanzas a través de mi lenguaje. ¿Qué le pasa al lenguaje cuando vas más allá?, ¿las ideas quedan atrapadas en el lenguaje?
¿Dónde estamos ahora?, ¿dónde estaremos en unos años?, ¿qué demonios le está pasando a la humanidad?, ¿dónde quedan los sentimientos que nos hacen humanos?, ¿dónde se esconde el potencial?
Para poder plantearme las preguntas anteriores primero tengo que responder: ¿Dónde estoy?, estoy en el aquí y el ahora, en una realidad en la que me llamo Ana Laura Martínez Pereyra y soy un ser humano en proceso de creación, lleno de posibilidades infinitas, al cual le gusta explorar por medio de la literatura y como escritora solo tengo un cliente: Toda la humanidad.
Me encanta la literatura tradicional y la literatura que aún no existe, la literatura que estoy inventando ahora mismo. Me encanta la idea de poder transformarme, convertirme en alguien más y ver la vida con una nueva perspectiva. La literatura me despierta los sentidos y libera mi imaginación, ya que nuestra habilidad para imaginar nos hace exploradores y nos convierte en creadores e inventores.
Me encanta la idea de que me estés leyendo, para leer la idea que en este momento estoy gestando para ti, sin importar tu edad, genero, cultura o religión, en este momento tu y yo somos uno mismo en el espacio, en este instante tu y yo trascendemos tiempo y espacio.
Da miedo, sí, pero es fascinante, pues en ese espíritu, en el espíritu de crecimiento, desarrollo, el espíritu de revolución, me he permitido comenzar de nuevo.
¿Por qué?, vivimos en una generación que se siente con derecho al éxito y a las ganancias sin tener que pensar o trabajar mucho, donde las experiencias virtuales sustituyen el contacto humano y la realidad, es que por primera vez en la historia podemos crear un futuro para nuestros hijos que es menos esperanzador del que tenemos hoy en día y este es un legado EXTRAORDINARIO.
Esta nueva generación olvida las palabras correctas, las que deberían motivarnos, olvida la igualdad, el progreso, la revolución, la paz, el acceso, el levantamiento, la oportunidad, la democracia y sobre todo la libertad.
Esta nueva generación debe poner en perspectiva lo que realmente importa, dejar a un lado el amor, paz y prosperidad, ya que hay tan poquito, que no debemos dejar que se gaste en personas que no saben utilizarlo, debemos dejarles a los que no forman parte de la nueva generación que se llenen de todo aquello que sí importa, que antes para todos significaba el todo y hoy significa la nada.
El lenguaje avanza y existen sombras, nuestro diálogo continúa y al mismo tiempo se llena de ellas. ¿Cómo son las sombras que dejamos en un espacio invisible?, desconozco cuál podría ser su forma, pero estoy segura que esas sombras algo tienen que ver con la línea de ideas creativas en la que nos encontrábamos años atrás y que fue interrumpida por esta nueva generación.
Hoy olvidamos ese camino y debemos recuperarlo, debemos regresar a esa locura, debemos volver a sentir para después poder crear, volver a querer para después volvernos locos con el proceso de creación. Debemos ser nosotros mismos, esos que alguna vez fuimos, ¿o es que aún no te has dado cuenta que hoy en día hemos sacrificado nuestras libertades para protegernos de los demás seres humanos?
Sí, las anteriores son las preguntas que debemos plantearnos esta Navidad, son las que realmente importan, las que nos deben de perseguir en los sueños, en los días y en cada una de nuestras noches solos o acompañados.
Estamos en un momento extraordinario para la especie humana, en el momento del florecimiento de la mente humana y si queremos, podríamos provocar un renacimiento ya que necesitamos que la cultura y el arte sean vitales en la sociedad, para romper los esquemas de pensamiento coordinado por los cuales se rigen las sociedades actuales.
Y sí, este es mi mejor deseo para esta Navidad, porque no puedo creer que esto puede estar pasando y sin embargo está sucediendo. Estamos tan ocupados en el no contacto que olvidamos nuestra naturaleza más esencial, que es el sentir. Olvidamos que somos humanos, que tenemos la capacidad de querer, de amar, de luchar por ideales y no pelear como bestias por la gobernabilidad y el poder, sí, la lucha del poder por el poder mismo, ese poder que no gobierna por ideales, que gobierna por el flashazo y el posicionamiento mediático.
Sí, el gran virus que está infectando a esta nueva generación es el poder por el poder mismo, siendo el poder el arma que se dispara segundo a segundo destruyéndonos cada vez más y alejándonos de lo que verdaderamente somos: Seres humanos.
¿Cómo romper con el modelo de la nueva generación para conseguir un mundo coordinado que es capaz de todo?, ¿cuándo piensa detenerse la nueva generación?, ¿cuándo piensan desocuparse para ocuparse de lo importante?, ¿cuándo terminaran de ocultarse?, ¿cuánto están dispuestos a dejar ir para moverse hacia la dirección correcta?, ¿cómo haremos buen uso del lenguaje para entendernos y actuar colectivamente?.
Actualmente hablamos el idioma del no sentimiento, el idioma que se está apoderando de esta Navidad y de las que vienen, y si esto no para no tendremos ni siquiera vísperas del tan deseado mundo coordinado, ya que nuestra energía está atrapada en espacios de los que no estamos conscientes, donde el dinero y el poder lo son todo.
Esta Navidad me da miedo que no comprendas que el hoy que estas creando para el mañana, es totalmente desalentador, me da miedo que sientas que el poder por el poder es la respuesta, me da miedo, mucho miedo que creas que los valores esenciales dejan de ser prioritarios, que el dinero está en primer lugar y que no debemos pensar colectivamente.
Me da miedo, que puedas ver y no tengas la capacidad de ver que está en tus manos la solución y que nunca te hagas la siguiente pregunta: ¿Por qué vivir en un mundo de aspiraciones comunes, de ideales ordinarios y sin libertad creativa para protegerte del qué dirán que rige a tu sociedad?
Me da miedo que no te des cuenta que el dinero en sí no existe, al igual que el lenguaje, es solo una creencia, que pierdes identidad cada que avanzas a través de mi lenguaje.
Sí, esta navidad me da miedo, mucho miedo que leas este texto y no te enfiles hacia la libertad de la especie humana, que no contribuyas a las acciones coordinadas y que no te des cuenta que el tiempo se acaba mientras lees y que el lenguaje también se agota.

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