
Quiero un jardín con arboles de Framboyàn.
Para tener ese jardín, debo tener mi casa, para tener mi casa, debo de haber formado mi familia.
Una vez en familia, plantar los arboles de Framboyàn en el jardín, sembrarlos, cuidarlos, regarlos, imaginarlos frondosos, echando raíces, de tal manera, que estas raíces se entrelacen lo suficiente para que sea imposible separarlas.
Para que en esa casa, en ese jardín, donde plantamos mis arboles de Framboyàn, se ilumine mi creatividad recordándome nunca dejar de imaginar, de albergar los momentos que marcan y escriben la historia de una familia, mi familia, de estar con mi gente, la gente que quiero, de ser yo con los que amo, saberme amada y seguir por siempre amando.
Para tener ese jardín, debo tener mi casa, para tener mi casa, debo de haber formado mi familia.
Una vez en familia, plantar los arboles de Framboyàn en el jardín, sembrarlos, cuidarlos, regarlos, imaginarlos frondosos, echando raíces, de tal manera, que estas raíces se entrelacen lo suficiente para que sea imposible separarlas.
Para que en esa casa, en ese jardín, donde plantamos mis arboles de Framboyàn, se ilumine mi creatividad recordándome nunca dejar de imaginar, de albergar los momentos que marcan y escriben la historia de una familia, mi familia, de estar con mi gente, la gente que quiero, de ser yo con los que amo, saberme amada y seguir por siempre amando.



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